
El Día Mundial del Queso es una fecha que rinde homenaje a uno de los alimentos más antiguos y apreciados en todo el mundo. Aunque no existe un consenso oficial sobre el día exacto de su celebración, muchas fuentes señalan el 27 de marzo como el momento ideal para festejar este producto tan versátil y delicioso.
Desde los quesos frescos hasta los curados, este alimento ha acompañado a la humanidad durante siglos, formando parte de la gastronomía de innumerables culturas y ofreciendo una variedad casi infinita de sabores, texturas y aromas.
La historia del queso se remonta a miles de años atrás. Se cree que fue descubierto por accidente cuando los primeros pastores transportaban leche en recipientes hechos con estómagos de animales, los cuales contenían renina, una enzima natural que ayudaba a coagular la leche.
Las primeras evidencias de producción de queso datan de alrededor del 8000 a.C., con hallazgos en el Creciente Fértil (actual Medio Oriente). Desde ahí, su fabricación se extendió por Egipto, Grecia y Roma, convirtiéndose en un alimento esencial en la dieta de muchas civilizaciones.
Con el paso del tiempo, cada región del mundo desarrolló sus propias técnicas y variedades de queso, dando lugar a una diversidad impresionante que hoy en día sigue evolucionando.
Existen más de 2000 variedades de queso en el mundo, clasificadas según su método de producción, maduración y tipo de leche utilizada. Algunas de las más famosas incluyen:
Quesos frescos: Como la mozzarella, el queso ricotta y el queso de Burgos, caracterizados por su suavidad y alto contenido de agua.
Quesos semicurados y curados: Como el manchego, gouda o cheddar, que pasan por un proceso de maduración que intensifica su sabor.
Quesos azules: Como el roquefort y el gorgonzola, conocidos por su característico sabor fuerte y vetas de moho azul.
Quesos de pasta dura: Como el parmesano, ideal para rallar y aportar un sabor intenso a los platos.
Quesos cremosos y untables: Como el brie y el camembert, famosos por su textura blanda y sabor delicado.
Cada país tiene su especialidad, desde el gruyère suizo, hasta el pecorino italiano o el queso feta griego, convirtiendo al queso en un producto con identidad cultural propia.
Además de ser delicioso, el queso es una excelente fuente de proteínas, calcio y vitaminas esenciales para la salud ósea. Su consumo moderado puede aportar diversos beneficios:
Fortalece los huesos y dientes gracias a su alto contenido de calcio y fósforo.
Aporta energía y proteínas fundamentales para el desarrollo muscular.
Contribuye a la salud intestinal, especialmente los quesos fermentados como el kefir o el camembert, que contienen probióticos naturales.
Favorece la producción de serotonina, ayudando a mejorar el estado de ánimo y reducir el estrés.
Sin embargo, es importante consumirlo con moderación, ya que algunos tipos de queso pueden contener altos niveles de sodio y grasas saturadas.
Este día es una oportunidad perfecta para rendir tributo a este alimento y disfrutarlo de diferentes maneras. Algunas formas de celebrarlo incluyen:
Degustaciones y catas de queso, explorando distintas variedades y maridajes con vinos o cervezas.
Preparación de recetas con queso, como fondues, gratinados, tablas de quesos o postres como la tarta de queso.
Visitas a queserías artesanales, para conocer el proceso de elaboración y apreciar la tradición quesera.
Eventos y festivales del queso, que en muchas ciudades reúnen a productores y amantes de este manjar.
El queso más caro del mundo es el Pule, elaborado con leche de burra en Serbia, y su precio puede superar los 1000 euros por kilo.
Francia es el país con más variedades de queso, con más de 1200 tipos diferentes.
La mozzarella es el queso más consumido en el mundo, en gran parte gracias a su uso en la pizza.
Algunos quesos maduran durante años, como el parmesano, que puede envejecerse hasta 36 meses o más.
Los ratones no son tan fanáticos del queso como se cree, ya que prefieren alimentos más dulces y con menos olor fuerte.